martes, 12 de junio de 2018

La reina del flow… la plebeya de la creatividad



Tras el final de La mamá del 10, esa telebobela aburrida y sin pies ni cabeza, pero a la que le inflaron el rating sin merecerlo, es el turno de otra historia de esas que en unos meses ni nos acordaremos que pasó por nuestras pantallas. Sí, ese es el error de las últimas producciones del canal del molusco que han desfilado por el horario de las 9 de la noche: Si para vender en el extranjero estos productos tan irrelevantes necesitan maquillas las cifras de audiencia, cual formulario E-14 en la pasada primera vuelta presidencial, esta va por el mismo camino. No, el criterio para elegir un buen producto no son los trinos patrocinados de aplausos prepago de la Floresta. Ni el mejor libreto es el que le gusta a las aseadoras del canal (me vale verga si les parece un argumento clasista).

Una historia cuyo hilo conductor es la venganza de una mujer por un crimen que no cometió, enfrentando al hombre que alguna vez amó….ummm, esto ya lo había hecho hace más de 30 años en La Madrastra en Chile. Y en el mismo canal Caracol, a finales de los noventas, en cierta manera con La Guerra de las Rosas. Pero como lo de ahora es la ñerada, revolvamos esto con el género urbano (para fusilar las mismas tres o cuatro cancioncitas plagadas de autotune, lo normal, el televidente promedio de las 9 de la noche en Caracol raya en la capacidad cognitiva nula, casi como la de los libretistas de este esperpento llamado La Reina del flow). Mucho bling bling, pero de sustancia, nada. Y en menos de lo que canta un gallo, se volverá una narconovela más, porque, de hecho, las estéticas narco y la del reggaetton tienen una línea divisoria tan tenue como el rendimiento en rating de Masterchef Celebrity, que sigue ahí, flotando sobre unos míseros 6 puntos de rating – los que le reconocen-  que no le hacen ni cosquillas a sus rivales.

Es irónico pensar que Carlos Torres (el villano de la trama)  viene de fracasar en RCN con ese mal reboot de Francisco el matemático clase 2017 y parte de eso también se puede decir de Carolina Ramírez (la protagonista)  y su papel en Contra el tiempo, ambos productos de RCN, pero como esta es de Caracol, ya veré a los mismos vendidos de siempre exaltando sus papeles como si fueran los futuros Daniel Day-Lewis o Katharine Hepburn. Y no, la verdad no dan pa´tanto. Menos mal en el reggaetton nadie afina ni media nota, sino, se notaría aún más lo mal actor que es Torres, cuyo acento paisa se sintió bien falso desde el vamos. Es como un Maluma wannabe, pero con un poco más testosterona #NotACompliment. Y ni hablar de esa cárcel de mujeres gringa tan ficticia, con esa supuesta pelea entre reclusas que derivó luego en una fiesta sorpresa, muy mal actuada, tan mal como ese pretendido envenenamiento con tufo a la “resurrección” de Catalina en Sin tetas sí hay paraíso 2. Ahora Yeimi será “Tammy Andrade”. 

Acto seguido, letreros a tutiplén en cada locación, y con el trillado recurso del flashback  en el episodio debut (del que ya han abusado en tantas telenovelas en tiempo reciente) damos paso a María José Vargas como Yeimi adolescente, en medio de las comunas de Medellín. No ha pasado ni media hora de emisión y ya me siento viendo la versión caracolera de Lady, la vendedora de rosas, revuelta con un musidrama barato. Como un 8 mile, pero de muy bajo presupuesto. Cada vez bostezaba más y más con este episodio debut tan flojo. Ni el tema de la extorsión, que termina con la muerte de los padres de la protagonista levantó mi interés por la enésima novela llena de plomo-plomo-plomo que aterriza en el horario de las nueve de la noche.

¿En serio una ciudad tan hermosa y versátil como Medellín no tiene otros escenarios e imaginarios distintos a la marginalidad que nos muestra La reina del Flow? ¿No hay una narrativa más original?  Claro, me dirán que esas no venden. Luego se rasgan las vestiduras, cuando nuestros adolescentes replican los malos ejemplos que ven en TV, diciendo que “la TV no está llamada a enseñar valores”. Y así nos va.

sábado, 9 de junio de 2018

Reflexiones Hertzianas, cuarta parte


Hola de nuevo, mis estimados lectores. Tras unas merecidas vacaciones, retomamos nuestras Reflexiones Hertzianas, esta vez enfocada en la Frecuencia Modulada, y con el primero de nuestros Estudios de caso, que dedicaremos inmediatamente a un proyecto radial extinto.
Antes de 1990, la radio FM en Colombia se dedicaba casi exclusivamente a la música, porque un decreto de 1975 emitido por el Ministerio de Comunicaciones limitaba a 60 minutos diarios el tiempo que una estación FM podía dedicar a "programas informativos, periodísticos o deportivos. Estas restricciones se relajaron a principios de los años noventa, permitiendo a las emisoras FM difundir noticias. Y son estas las protagonistas de nuestra cuarta entrega: 

Capitulo 8: Estudio de caso 1: Radionet: Cuando, a pesar de las figuras, algo falla.
Radionet fue una emisora radial de Colombia que estuvo en operación entre el 20 de enero de 1997 y el 31 de mayo de 2004. Su director era el reconocido periodista Yamid Amat[1], y se planteaba como un sistema informativo permanente 24/7. Recuerdo haber estado ahí, en el dial de la primera transmisión de la emisora, hace poco más de 20 años. Me gustaba el estilo de segmentos informativos de la misma. Los días del proceso 8.000 daban paso al turbulento proceso electoral de 1998. En ese momento, Amat pensaba que con el equipo que había aglutinado en la emisora, entre los que destacaban Carlos Chica, María Elvira Arango,  Mauricio Vargas, Néstor Morales,  César Augusto Londoño,  la historiadora Diana Uribe y Jaime Garzón, no le sería difícil moverme entre CM& y la radio. y no era para menos: Consideremos que en 1978 fundó 6 a.m., 9 a.m. imponiendo así los noticieros matinales en la radio colombiana. La emisora contaba con tres estudios de grabación y un máster principal. El equipo humano era de más de 160 personas, incluidos los corresponsales nacionales e internacionales, contó con 10 emisoras AM (Bogotá, frecuencia 850; Medellín, 590; Cali, 700; Bucaramanga, 1270; Duitama, 1150; Neiva, 1210; Valledupar, 1380; Cúcuta, 1090; Cartagena, 1200; y Barranquilla, 1040) y una inversión que oscilaba, según Yamid Amat, entre un millón y dos millones de dólares de aquel entonces. Su gran novedad sería el enlace vía láser y la grabación de cualquier informe en red que cada periodista podrá hacer desde su computador en la redacción sin necesidad de ir a la cabina. Es decir, fue la primera cadena de radio completamente digital en América Latina.
Dos anécdotas se destacaron en la historia de la emisora. En 1997 se había informado en primicia la captura del narcotraficante Justo Pastor Perafán, pero la noticia resultó ser falsa, por lo cual fue rectificada al aire y el mismo Yamid Amat hizo que el periodista que había metido la pata renunciara al aire. Pero el capítulo más amargo para Radionet se vivió en la mañana del 13 de agosto de 1999: Jaime Garzón se desplazaba hacia la emisora cuando fue interceptado por unos sicarios que cegaron su vida. Sus compañeros fueron los primeros que tuvieron que dar la noticia al país en medio del drama que implicaba la pérdida del amigo, colega y uno de los humoristas más grandes de nuestro país[2]

Sin embargo, desde finales del 2001, el esquema de Radionet empezó a hacer aguas. Progresivamente entregó frecuencias en varias ciudades, básicamente por bajas audiencias, y  cuando el grupo español Prisa asumió el control de Radio Caracol, en RadioNet se encontraron con un sistema sin el personal que requería un proyecto semejante. De hecho, desde entonces se incorporó al servicio informativo de Caracol a todo el equipo periodístico de RadioNet, hasta su desaparición definitiva en 2004. El país era otro para ese entonces: Habíamos pasado de un entusiasta año 1997 a un desastroso 1998, un aun más lamentable 1999, terremoto del Eje Cafetero mediante, la incertidumbre del 2000, un 2001 agridulce, un 2002 que dio paso a un giro político tenebroso, un 2003 con sus avatares propios y un 2004 que demostró que, aun con buenos fichajes, una emisora podía sucumbir en sus propios laureles.

Capítulo 9: W Radio: La emisora de “Julito no me cuelgue”

W Radio Colombia[3] es la estación de radio perteneciente a Grupo Prisa y filial de Caracol Radio. Comenzó en 1973 como una estación contemporánea de adultos entonces denominada Caracol estéreo. La estación es más conocida por el informativo matutino "La W", presentado por Julio Sánchez Cristo, Alberto Casas Santamaría, Camila Zuluaga, Juán Pablo Calvás, Félix de Bedout y en las tardes cuentan con Vicky Dávila.

Viva FM fue una de las novedades pioneras de la mañana en la banda FM, a partir de 1991 en Caracol Estéreo, presentada por Julio Sánchez Cristo. Sánchez Cristo salió en 1996 a RCN Radio, por desavenencias editoriales del entonces grupo Santodomingo con Sánchez Cristo, entonces parte del equipo editorial de la fracasada telenovela Mascarada de JES (programadora de tv familiar), creando La FM, un programa similar en la entonces recientemente creada estación homónima. Viva FM continuó con la dirección de Roberto Pombo hasta 2003 – o sea, la etapa aburrida de esta emisora-, cuando Sánchez regresó a la entonces nueva radio W Radio2, gracias a una jugosa oferta del Grupo Prisa.​
De La W podemos decir que es la emisora más elitista que se puede encontrar en la frecuencia modulada. Hizo carrera el reclamo al aire de los oyentes para que “Julito” no les colgase una llamada al aire porque no eran de alto standing o no hablaban de los intrincados temas del día. Aunque cuenta con un equipo muy interesante y plural, y muy rara vez está fuera del top 10 de las emisoras preferidas en Colombia, La W es como esa amiga que ha viajado a Europa y por eso se cree de mejor familia que el resto del mundo, esa que ha tenido éxito en la vida, pero a la larga se te hace pesadísima de tratar.

Capitulo 10: La FM[4]: De Guatemala a Guatepeor

Esta es una emisora que cubre todo el territorio colombiano, tanto en frecuencia modulada (F.M) y en amplitud modulada (A.M) (en las ciudades de Ibague y Neiva). La emisora tiene un formato mixto de noticias música deportes y entretenimiento. La FM nació en 1996, creada por Julio Sánchez Cristo en su etapa de cobijas rotas con el Grupo Santodomingo y desde ese año comenzó a funcionar con los géneros de Noticias y Música Contemporánea de los años 70, 80, 90 y los nuevos éxitos de la música en inglés y en español. Ello hizo que se dividiera en los siguientes periodos: cuando fue dirigida por Julio Sánchez Cristo entre 1996 y 2002; cuando fue dirigido por Claudia Gurisatti entre 2003 y 2007, cuando fue dirigido por Vicky Dávila entre 2007 y 2016 – cuya salida se dio por el escándalo del video sexual de la Comunidad del anillo-, cuando fue dirigido por Hassan Nassar entre 2016 y 2018 y desde el 2018 es dirigida por Luis Carlos Vélez. Por sus micrófonos han pasado nombres como Jaime Sánchez Cristo, Alberto Casas Santamaría, Gustavo Gómez Córdoba, Yamit Palacio, Andrea Serna, Carolina Gómez, Juan Manuel Correal, Juanita Kremer, entre muchos otros.

Noticias La FM es el espacio estandarte de la emisora, y tal vez el que ahora espanta más de la cuenta: Va de lunes a viernes de 04:00 a. m. a 10:00 a. m. Aunque cuenta con  Adriana Vargas (presentadora de Univisión), William Calderón (ex jefe de redacción de Blu Radio) y Azury Chamah (periodista de RCN Radio), debemos decir que las participaciones de Vélez y de Cristina Plazas (ex directora del ICBF) son, sinceramente, insufribles. Su sesgo editorial solo es comparable con el de Claudia Gurisatti en Canal RCN, y esto, desde luego, no le permite cifras altas de audiencia en un mercado informativo que tiene tantas propuestas. Tal vez pensaron que Vélez haría en radio lo que, aparentemente, logró en TV en Noticias caracol, y la verdad, el experimento no parece estar funcionando: en Bogotá, según el último ECAR, escasamente está en el decimoquinto lugar de audiencias, lejísimos de su competencia directa ¿A qué creen que se deba?

Y así concluimos esta cuarta entrega de Reflexiones Hertzianas, que volverá la próxima semana con otro estudio de caso y un tema que promete levantar ampolla: la radio juvenil. Los esperamos.



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Radionet
[2] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1574189
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/W_Radio_(Colombia)
[4] https://es.wikipedia.org/wiki/La_FM

jueves, 7 de junio de 2018

Expliquemos el proyecto de ley que tiene molesta a la televisión pública


Recientemente ha habido una fuerte movilización en redes sociales de personas vinculadas a los canales públicos de televisión en contra de un proyecto de ley que, con nadadito de perro, y a pesar del mensaje de retiro de la propuesta hecho por el MinTIC, aun avanza su debate en el Legislativo, y que pondría la estocada de muerte de la televisión pública, tal como la conocemos. Antes que nada, debemos decir que no es de recibo plantear una lucha entre tv pública y privada. Ambas son complementarias, al menos en sus contenidos. Y necesarias en cualquier país civilizado. De hecho, sin televisiones públicas no serían posibles espectáculos de envergadura como el Festival de la Canción de Eurovisión, donde el grueso de estaciones participantes son televisiones públicas como la BBC, RTVE o la RAI, por ejemplo.

Gran parte del malestar de los canales públicos radica en que no se les ha escuchado en el debate que pone en juego, una vez más, sus mecanismos de financiación. Mientras en algunos países europeos, por poner nuevamente el ejemplo, buscan mecanismos de financiación de la Tv pública y de actualización tecnológica de la misma, como ocurrió recientemente en Rumanía, esta política de “sálvese quien pueda” que plantea el proyecto 174 de 2017 Cámara no dejará otro camino que la virtual extinción de la Tv pública, que en nuestro país está representada por la TV comercial (Canal Uno), la cultural (Señal Colombia), la institucional ( Canal Institucional) y la regional (Teleantioquia, Telecaribe, TRO, etc.)

El proyecto tiene 41 artículos, y básicamente está en caminado a la supresión y liquidación de la Autoridad Nacional de Televisión (siguiendo el destino siniestro que permitió primero la pérdida de rango constitucional de la Comisión Nacional de Televisión mediante acto legislativo 02 de 2011 y su posterior liquidación, misma que ya enfrentó en 2004 Inravisión) y a redistribuir competencias en materia de televisión y radiodifusión sonora entre otras entidades del Estado

En sus primeros artículos, se dice que “(…) Los fines que deben orientar toda emisión y difusión de contenidos en los servicios de televisión y de radiodifusión sonora, son formar, educar, informar veraz, objetivamente y con imparcialidad y recrear de manera sana (…)”, pero de eso muy poco se ve en el resto del articulado. Desde el artículo cuarto, y sin evidenciar ningún estudio de la necesidad y urgencia de dicha medida, se ordena suprimir la Autoridad Nacional de Televisión, creada por la Ley 1507 de 2012. Pero, como siempre, en este país se liquidan entidades para luego regar sus funciones en otras instituciones, algunas creadas en esa misma ley, sin son ni ton. Ese es el sentido del artículo séptimo del proyecto. Concretamente, se dice que “(…) Los funcionarios de carrera administrativa y provisionales, recibirán el tratamiento que se establece en el parágrafo 3° del artículo 18 de la Ley 1444 de 2011 y decretos reglamentarios, esto es, tendrán derecho preferencial a ser incorporados en empleo igual o equivalente de la planta de personal de la Comisión de Comunicaciones que se cree (…)”. Entonces ¿para qué el embeleco de liquidar una entidad y luego crear otra para trasladarle el personal de la misma?
El artículo noveno del proyecto de ley define a  la Comisión de Regulación de Comunicaciones como “(…) una Agencia Nacional Estatal de Naturaleza Especial, del orden nacional, con personería jurídica, patrimonio propio y autonomía administrativa, financiera y técnica, la cual formará parte del sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, pero no dependerá de la rama ejecutiva del poder público y tendrá como máxima autoridad de dirección una Junta de Comisionados, que ejercerá, además de las funciones previstas en las normas legales vigentes, las competencias que le correspondan de conformidad con lo establecido en la presente ley (…)”
  
En el artículo décimo, se define que “(…) La Comisión de Comunicaciones será el órgano encargado de promover la competencia, el acceso a los servicios, garantizar la imparcialidad y el pluralismo informativo, regular para evitar el abuso de posición dominante y regular los mercados de redes y servicios de comunicaciones, incluidos los servicios de radiodifusión sonora y de televisión, de aplicaciones y de contenidos sobre redes que soportan estos servicios, así como de las tecnologías de la información y la protección de los derechos de los usuarios, con el fin de que la prestación de los servicios sea económicamente eficiente, refleje altos niveles de calidad, propenda por la consolidación de la economía digital, y evite las prácticas monopolísticas en la operación y explotación de los servicios, en los términos de la Constitución Política y de la ley, particularmente de lo previsto en el Título IV de la Ley 182 de 1995 (…)”. O sea, poco más de lo mismo que la ANTV, ya que los contratos de concesión (como el que tiene el Canal Uno, por ejemplo), así como las licencias que al momento de la supresión de la ANTV estén bajo su titularidad, pasarán a la Comisión de Comunicaciones. También pasarán a la Comisión de Comunicaciones, los contratos de concesión y las licencias de radiodifusión sonora que al momento de la entrada en vigencia de la presente ley estén bajo la titularidad del MinTIC, así como las actuaciones administrativas que se encuentren en curso, las cuales continuará en el estado en que se encuentren.

A nivel institucional, poco o nada cambia respecto de la Ley 1507 de 2012, que creó la ANTV. El artículo 14 del Proyecto es casi un calco mal hecho del artículo cuarto de la ley del 2012, con la diferencia en que, de la Junta de Comisionados, no harán parte ni el Ministerio de TIC ni el Director del DNP, pero los criterios de elección de sus integrantes no quedaron tan bien definidos como en aquella oportunidad. Los gobernadores pierden también un cupo directo en dicha entidad, lo cual es grave si se toma en cuenta que esto le permitía a las regiones olvidadas de este país tener una representatividad en los contenidos de la TV pública. En los requisitos y calidades para ser comisionado, poco cambia del art. 15 del proyecto a lo que ya tenemos desde 2012, solo se hace una salvedad importante y es que “(…) La Comisión deberá contar al menos con un miembro abogado, un economista y un ingeniero, circunstancia que ha de tenerse en cuenta en la designación o en la selección de los comisionados (…)”. No dudamos que las tres profesiones son de importancia en una entidad como esta, pero ¿en qué incide en la calidad de los contenidos todo ello? ¿O eso que dependa de los otros dos cargos restantes?

El artículo 19 es de suma importancia, ya que define las Funciones de la Junta de Comisionados, entre las que se encuentran las de “(…) Otorgar las concesiones y licencias para la operación y explotación del servicio de televisión y del servicio de radiodifusión sonora, incluyendo la asignación de espectro radioeléctrico y las concesiones de espacios de televisión (…)” y  “(…)Aprobar la prórroga de las concesiones para la prestación del servicio de televisión y del servicio de radiodifusión sonora, incluyendo la asignación de espectro radioeléctrico, así como las de las concesiones de espacios de televisión (…)”, entre otras.

De aprobarse el proyecto de Ley, la distribución de competencias frente al servicio público de televisión quedará en cabeza del MinTIC, la referida Comisión, la Agencia Nacional del Espectro y la Superintendencia de Industria y Comercio. La Comisión de Comunicaciones, ejercerá integralmente la regulación del servicio de televisión, con excepción de la función relativa al régimen de uso del espectro radioeléctrico que quedará a cargo de la Agencia Nacional de Espectro (ANE). El MinTIC ejercerá las funciones  de control y vigilancia del cumplimiento de las normas relacionadas con la prestación del servicio de televisión, incluyendo la imposición de las sanciones por violación al régimen de inhabilidades para la prestación del servicio público de televisión previsto en la ley. Para el ejercicio de la función de vigilancia por el uso ilegal del espectro electromagnético, la ANE contará con funciones de policía judicial. La Superintendencia de Industria y Comercio continuará ejerciendo las funciones establecidas en el literal d) del artículo 5° de la Ley 182 de 1995, y en el artículo 2° de la Ley 680 de 2001, y en atención a lo establecido en la Ley 1480 de 2011, ejercerá la función de control y vigilancia del cumplimiento a las normas de protección de los derechos de los usuarios del servicio de televisión cerrada.

Ahora vamos a otro de los puntos álgidos: La financiación de contenidos. El artículo 29 es el que regula el Fondo para el desarrollo de la televisión y los contenidos, mismo de que trata el  artículo 16 de la Ley 1507 de 2012, y que con el proyecto se trasladará a la Comisión de Comunicaciones, el cual, además de cumplir dicho fin, estará destinado a “(…) apoyar la capacidad administrativa, técnica y operativa de la Comisión (…)”. En plata blanca, lo que debería estar asignado a crear nuevos contenidos, fijo se va a ir en mera burocracia de la nueva entidad. En eso se había avanzado bastante en el artículo 18 de la Ley que se pretende derogar, y aquí es donde se centra gran parte de la crítica, pues no hay un criterio claro que permita determinar qué parte de ese fondo es para los gastos de funcionamiento de la entidad y qué parte debe dirigirse a los contenidos. Si al menos esto se debatiese como debe ser, con los principales afectados, que serían los canales públicos, otro gallo cantaría. Y es injusto que ahora que se están viendo los frutos en productos aclamados por la crítica dentro y fuera de las fronteras nacionales, emanados de la televisión pública, como Los puros criollos, Asquerosamente rico, Puerto papel o de interés público como el cubrimiento de la visita del Papa Francisco a Colombia, estos deban “mendigar” recursos frente a una nueva burocracia impuesta, so pretexto de modificar las capacidades regulatorias y de composición de una entidad como la ANTV. Creo que ese no es el camino correcto ¿bajo qué criterio artístico un proyecto de juventudes del Pacífico, por ejemplo, podría tener acogida frente a las necesidades de nómina de la nueva institucionalidad?

De lo poco positivo del proyecto ( y que de pronto se podría rescatar)  es lo señalado en el artículo 31 del mismo, referente a las Estrategias de contenido multiplataforma y aplicaciones de Internet para diversos dispositivos, que obliga a los operadores públicos de televisión a adelantar estrategias de contenido multiplataforma y aplicaciones de Internet para diversos dispositivos, a efectos de potenciar la mayor cantidad de pantallas y de promover el desarrollo y oferta competitiva de contenidos multiplataforma, en concordancia con los nuevos entornos convergentes y multipantalla. Recordemos que RTVC Play es la vanguardia de dicha estrategia en el Sistema de Medios Públicos, algo que ya ha sido reconocido internacionalmente. Con todo, el proyecto sigue, a pesar del mensaje de retiro gubernamental, en su debate legislativo, y es irónico como los únicos que se han pronunciado en el mismo son prestadores de TV por suscripción, y no los canales afectados. Y recordemos que ni Tigo/Une o Movistar hacen esa labor de visibilizar a las regiones como sí lo puede hacer Señal Colombia o los canales regionales. Por todo eso, también hacemos votos porque #LaTVPúblicaSeDefiende. 

A diferencia del informe positivo de primer debate, creo que, so pretexto de nuestro reciente ingreso a la OCDE, no se puede aprobar a pupitrazo limpio y a puerta cerrada otro proyecto lesivo de la tv pública, tanto como lo fue la liquidación a destajo de Inravisión en 2004.