lunes, 9 de noviembre de 2020

Review Conectados con Álvaro García: ¿El retorno de las entrevistas culturales?

Tradicionalmente, nuestra televisión tuvo excelentes formatos de entrevistas entre los años setentas a los noventas, con grandes figuras como Margarita Vidal, Jimmy Salcedo, Gloria Valencia de Castaño o Fernando González Pacheco (hoy desaparecidos los tres últimos). La irrupción de los canales privados generó un formato que era más con un carácter de promoción de figuras vinculadas a dichos canales (Yo, José Gabriel, Lechuza, El Radar, Mesa de noche, Descárate sin evadir, Primera línea, entre otros)

Esta misma intención se evidencia con la invitación de Diana Uribe, vinculada al Sistema de Medios Públicos, pero con una conversación deliciosa y muy bien lograda, aunque debe competir con la enésima repetición de Yo soy Betty la fea o de Pasión de Gavilanes. Mediante los medios virtuales, la conversación fue tan fluida como si estuvieran frente a frente. Como programa debut, fue una excelente decisión de invitada.

Y es que Señal Colombia, a fuerza de nuevos formatos como Cuatro preguntas a la historia o Conectados hace propuestas interesantes que pueden enriquecer la parrilla, y aun empleando repeticiones como las de Los pecados de Inés de Hinojosa o San Tropel, tiene mejores contenidos que los privados o que el Uno. Mientras no opte por esos dramatizados que parecían descartes de los privados como Dios te salve, María o Hipsters & Co, que fueron un enorme descache en su parrilla durante el 2020. Bueno, hasta en la televisión cultural hay pifias…

Obviamente, difícilmente figurará en las tablas de rating. Pero nos sirve para tener alternativas y contenidos para este blog.


sábado, 19 de septiembre de 2020

Review La Tienda: Hoy no fío, mañana…tampoco.

 

Antes de entrar en materia con el post de hoy, debo confesar que el clima televisivo del 2020 me produce física pereza de escribir. No solo por la escasa calidad de lo presente (reencauches incluidos), sino también porque, en esta ocasión, es sobre un producto de RCN, ese canal ultrasensible a las críticas, que solo te vive censurando tus contenidos en YouTube (motivo por el cual este video solo se publicará en Vimeo), aun si se trata de un programa con toda la pinta de no comerse las 12 uvas en diciembre para despedir a tan tenebroso año.

Digo lo anterior, porque este es otro de esos productos kamikaze que estrena RCN enfrentado al rey del rating por inercia, Sábados felices. Y lo hace a sabiendas de que no le producirá ni cosquillas. Las cifras de sus primeras emisiones así lo atestiguan. Y mira que han intentado de todo en ese horario: Concursos (Gana con ganas), realities (Masterchef Celebrity 2019), Dramatizados (Por siempre Joan Sebastian, Luis Miguel), retransmisión de telenovelas propias, incluso el fémur de El Show de Las Estrellas en su desembarque desde el Uno con destino al canal de las tres letras y ni con eso han vencido al ladrillo de La Floresta.

La Tienda tampoco lo va a lograr. Y eso es una realidad, ya que tiene todas las de perder: Es demasiado ordinario este concurso para ser rival de peso, incluso al decadente formato de dizque humor de Caracol. Tiene una ambientación que haría palidecer de vergüenza ajena hasta al set del Chavo del ocho ( y eso que ya no se emite en Latinoamérica, lo cual debió producirle un aneurisma a los directivos de programación de RCN).

Milton Lopezrrubia, en su personaje de Cónsul, salido de El Man es Germán, es el presentador metido a empellones en esta labor, sin tener el mas mínimo mérito para ello (sí, hacer personajes estúpidos a lo largo del programa no cuenta como mérito). Vamos, el spin-off de lo que de por sí fue el spin-off de una telenovela ordinaria y sin talento como lo fue Las detectivas y el Víctor. Con él, otros personajes de ese sainete de medio pelo hacen parte del staff del concurso, donde cuatro tenderos se disputan seis rondas de pruebas bastante estúpidas para acumular tiempo y llenar luego un carrito con los productos que deseen, y premios como una moto y dinero en mejoras para sus respectivas tiendas.

·        Entre risas: Con “humoristas” como Alerta/El Cuenta Huesos (que viene siendo como un Rey Midas a la inversa, porque programa que toca, lo vuelve mierda). Por cada respuesta errada, pierden tiempo.

·        Lo que vendo: Los participantes, con los ojos vendados, deben tocar unas piezas de papel con cuatro letras, para poder contestar

·        El que no oye consejos no llega a viejo: Ven un video sobre sostenimiento del negocio y quien responda acertadamente, se lleva 20 segundos más de tiempo.

·        El engalle: Mas preguntas pendejas. Si hay empate, deben sacar cuentas mentalmente mientras desgranan alverjas y el que acierte, se lleva la mejora en el negocio.

·        Sobre ruedas: Hacer una carrera por toda la tienda para buscar unos productos con unos stickers con los cuales ganar más tiempo.

·        A surtir: Deben traer 3 productos que les indican dentro del tiempo que tienen. Algunos productos tienen un sticker, que les permitirán llevarse una moto

El product placement de este programa es bastante lamentable: Familia, Nosotras, Davivienda, Postobon, Carey, Bary, Jabon Ak-1… Y lo es porque el programa es tan fino como una morcilla y exuda clase como las nalgas de Yina Calderón.

lunes, 17 de agosto de 2020

Review El robo del siglo en Netflix: “Nadie nos quita lo bailao en Valledupar, hermano”

 


Muchos de mis lectores y followers en Twitter me habían preguntado por qué teníamos tanto tiempo sin generar contenidos para nuestra página y canal. La verdad, esta nueva realidad televisiva que nos ha dejado el Covid-19, donde nuestros canales compiten más por ver quién tiene más éxito repitiendo basura, no dan ganas de analizar mucho las escasas nuevas propuestas.  Uno puede medir el nivel de tercermundismo de la Tv colombiana dándose cuenta que lo más visto es una producción sobrevalorada y mediocre como Pasión de gavilanes.

Pero en Netflix tenemos un contenido que merece una reseña, y ese es El robo del siglo, la versión dramatizada de lo acaecido en Valledupar a finales del año 1994 con el robo de la sede del Banco de la República. Vaya año aquel: Veníamos del desplome de la Selección Colombia tras su poco gloriosa presentación en USA/94, era el inicio del escándalo del proceso 8000 y esta serie nos muestra cómo salió de circulación tal vez uno de los billetes más bellos que ha hecho el banco central de este país.

En redes, muchos comparan a El robo del siglo con La casa de papel, o creen que es la respuesta colombiana a la exitosa serie ibérica. Nada más alejado de la realidad. No es una respuesta, porque nunca existió una pregunta. Nuestra historia criminal colombiana da para estas y muchas series más (recordemos Colmenares, también de esta plataforma).

Son seis episodios los que integran esta serie, y se pueden disfrutar de un solo tirón, y digo bien lo de disfrutar, porque, oh sorpresa, me encuentro con un producto que, en mi criterio, no flaquea en ningún capitulo, a diferencia de otros que bien pudieron tener dos o tres menos, porque no explotan bien los personajes o porque la trama se vuelve delirante y absurda. Aunque el tándem entre Andrés Parra (Roberto Lozano – Chayo) y Christian Tappan (Jairo Molina o El Abogado) ya se ha visto en otras producciones con dispar suerte como La Bruja, Escobar, el patrón del mal o La Suegra, en esta siento que logran bordar personajes que rayan el sobresaliente. El uno no podría funcionar sin el otro: Chayo es el entrador a negocios aparentemente imposibles, El Abogado es el cerebro maestro, el de los planes que deben ejecutarse milimétricamente. Pero, con el perdón de Parra y Tappan, para mi quien se roba el show es el personaje de Marcela Benjumea (Doña K), como la líder mafiosa de nivel intermedio que es la financista de esta proeza de la delincuencia colombiana. Porque robos de bancos ha habido muchos, en la ficción (como el de la producción española) y en la realidad, pero este no habría sido el mismo sin nuestra picaresca propia.

Todo comienza con un intento de robo de una custodia en 1992, donde la demora en la ejecución de algunos planes da al traste el operativo, con bajas entre los ladrones y con el Abogado lesionado de por vida. Damos salto a dos años después, donde Chayo tiene una joyería en problemas de liquidez, donde se debe auto-robar para tratar de tapar agujeros financieros, con el apoyo de El sardino ( Juan Sebastián Calero), un personaje cuya extraña relación con Chayo va a ser determinante en el desenlace de la trama.

Chayo se adentra en este negocio rocambolesco para seguir viviendo la vida de apariencias con su esposa e hija, quien está cerca de cumplir los 15 años, aunque su padre deba esta vida y la otra a la mafia. Entra en escena Boris, el personaje que le da la idea del robo, y luego Doña K, una mujer de armas tomar. Chayo se decide a buscar a su contraparte criminal, el Abogado, y revela frente a su esposa Romy ( Katherine Vélez) La realidad del asunto de su trasplante de riñón.  Es este giro de libreto el que mete al abogado en el affaire, a pesar de sus reticencias iniciales.

El encuentro con el contacto del robo en Valledupar ( Ramsés Ramos) marca otro de los clichés de nuestros productos nacionales: el antagonismo entre rolo-acartonado vs. costeño-cógela-suave. Todo el plan parece estar armado sobre arenas movedizas hasta este punto del primer episodio, pero en el segundo remonta con la definición del equipo “interdisciplinario” que intervendrá en el operativo, que a ratos se les sale de las manos ante cada nueva dificultad en varios frentes ¿Qué vía se empleará para ingresar? Y la respuesta llega de la forma más fortuita: Un daño en el aire acondicionado que forzará el ingreso de unos supuestos técnicos a arreglarlo un viernes (porque en realidad el 14 de octubre de 1994 fue un viernes, y no un sábado como se pensaría inadvertidamente). Con la rara complicidad de uno de los guardas de seguridad, al que hasta un café caliente le arroja encima doña K, y tras muchos titubeos que prometían con echar por tierra el proyecto, el caballo de Troya estaba dentro. Pero no iba a ser una empresa fácil ni deshacerse de todos los guardias, ni de las alarmas, ni mucho menos abrir la bóveda. Esto pondría a prueba las lealtades al interior de este variopinto grupo de ladrones y sus cómplices (el vigilante y los policías corruptos). Así se desarrolló el tercer capítulo.

Para el cuarto, con el botín alcanzado, ahora el mayor problema será salir indemne de Valledupar con el cargamento. Incluso, permite el giro medio cómico de la trama, cuando el camión se vara y los policías, en lugar de requisarlo, corren en apoyo del mismo, empujándolo para que arranque. Y vienen las ideas de cada ladrón de qué hacer con el dinero, pero la noticia no iba a tardar en estar en todos lados, y comienzan a buscarse los cabos sueltos del operativo, entre ellos, el maltrecho abogado, quien tuvo que abandonar el centro de operaciones remotas para garantizar la salida del camión.

Pero las imprudencias con el dinero iban a ponerlos en evidencia más pronto de lo que se pensaría. Los seriales de los billetes iban a ser su talón de Aquiles, hasta el punto de volverlos completamente inútiles en el mercado. Así, los ajustes de cuentas estarían a la orden del día, sobre todo contra Doña K, cuya muerte es otro de los lunares de la trama.

Por giros del destino, Chayo se salva de morir porque el gobierno decide que, para no afectar más la economía de una región Caribe donde el dinero estaba circulando, los billetes robados recuperarían su valor. Pero ello no libra al grupo de intervinientes de este atraco de vérselas, de una u otra manera, con la Ley. Muy diciente fue esa relación bisexual entre el mecánico y su amante policía, que desataría el comienzo del fin en el sexto y último episodio.  La fiesta de quince años de la hija de Chayo sería ese momento en que nuestros antihéroes creen que todo marcha relativamente bien, pero en realidad va camino de irse a la mierda: Se resquebraja para siempre la relación entre Chayo y El Sardino,  El Dragón es amenazado por el amante del mecánico (que en realidad sería un agente infiltrado)  en busca de más dinero y se termina entregando ante las autoridades, no sin antes hundir al corrupto Monroy. Al Abogado, el trasplante le resulta fallido por las heridas de bala y decide entregarse y morir en prisión, y la esposa de Chayo (uno de los personajes que terminé odiando por ser demasiado insulsa y estúpida)  descubre la pantomima de relación en la que vive, abandonándolo. Sin nada que perder, la captura, años después, de Chayo es tan solo el cierre del ultimo capitulo.

Con todo, varias preguntas se quedan sin respuesta, a pesar de lo bien conducido, en líneas generales, del libreto de la serie: ¿Un paciente renal bebiendo alcohol y fumando, y ausentándose de sus diálisis? ¿Un hotel en Valledupar cerca de la sede del banco casi decorado como si fuera uno en Bogotá? ¿Por qué la musicalización excesiva se vuelve una regla general de nuestras producciones en Netflix? ¿Eran necesarias esas expresiones nada sincrónicas con el año 1994 como “arrocito en bajo” o “Abogángster” o mostrar en emisión televisiva una novela como Eternamente Manuela? ¿O esa alusión a Amar y vivir por el personaje de Waldo Urrego? ¿Era necesaria esa escena de Tappan con los billetes estilo meme de Kim Kardashian? ¿Imputación de cargos contra el gerente del Banco, en pleno 1994?

En fin,  debo confesar que mis expectativas no eran muy altas y se superaron. Amé el personaje de Benjumea, tanto que su muerte me perturbó. Me pareció el giro machista de la trama. También valoro positivamente el personaje de Vélez como la esposa cómplice de Tappan. La escena de la entrega de éste me conmovió, y eso pasa pocas veces. En definitiva, me parece un producto que vale la pena ver ( y esto también pasa muy pocas veces) en Netflix, a pesar de mis peros. Como en este 2020 no tendremos Los Años Tenebrosos de la televisión colombiana, no indicaremos más si optan o no al rescate.


domingo, 5 de julio de 2020

Review Verdad oculta: Another narco-soap opera




Analizaba hace muy poco en una cordial videoconferencia a la que me invitaron como ponente[1], que nuestros canales privados nacionales tienen nula capacidad de autocrítica, y por eso este tipo de análisis (sobre todo cuando se trata de RCN) se reducen a nuestra señal alterna en Vimeo porque no voy a darles papaya a los de RCN para que me bombardeen a denuncias por “derechos de autor”, que no son más que censuras encubiertas a nuestras críticas. Pero si les pica, algo hay, dicen por ahí.

Verdad oculta es una de esas pocas producciones que RCN tenía entre el tintero y que lanza al aire en el ignoto horario de las 10 pm, que hoy está lejos de reportarle buenos dividendos de rating. Y aunque fue estrenada el pasado miércoles primero de julio, y está basada en el libro de Germán Castro Caycedo ‘Una Verdad Oscura’, a semejanza de lo que ocurrió con Comando élite (Basada en “Objetivo 4” ), cuenta la prototípica historia de amor heterosexual (como dirían en Teloresumo[2]) enmarcada en el espionaje y la inteligencia de un comando policial que lucha por desarticular el clan de narcotráfico más poderoso de los últimos años. Vamos, otro de los argumentos más trillados en nuestra TV nacional desde El Cartel (2008) hasta El General Naranjo (2020), con el presunto objetivo de mostrar el gran drama humano por el que atraviesan cada uno de los integrantes de estos grupos, no solo en el plano profesional, sino también laboral[3]. La era de los grandes lanzamientos de RCN en tarimas con cantantes quedó ya tan atrás como la antigua normalidad pre-Covid-19

La producción cuenta con actores como Verónica Orozco, Rodrigo Candamil, Brian Moreno (con todo lo pésimo actor que es), Juan Pablo Barragán, Andrés Castañeda, Gustavo Angarita Jr., Rodolfo Silva, Andrés Suárez, Brenda Hanst, Pilar Álvarez, Nelson Camayo, Jerónimo Cantillo, María Barreto, entre otros. Sin embargo, el timing sigue en contra de los del canal de las tres letras: No solo atinan a lanzarla justo cuando la sobrevalorada La venganza de Analía estaba en sus últimos capítulos, sino cuando en sus propias huestes, las repeticiones de Diomedes y Amor Sincero poco han podido hacerle mella. Es decir, tras que la lanzan en un horario inhóspito, no tiene el suficiente arrastre.

Vamos con el capítulo debut: La historia empieza con el personaje de verónica Orozco como una agente infiltrada como una supuesta profesora de un pueblito, quien es testigo de un atentado a un gamonal de pueblo en la plaza, que no es más que un ajuste de cuentas entre facciones de eslabones del narcotráfico, y donde una de las víctimas fatales es uno de los pequeños estudiantes de ella. Vamos, plomo, plomo y más plomo desde los primeros 10 minutos. El giro argumental de la muerte del pequeño, al que en los albores del capítulo la profesora/agente infiltrada le había regalado un libro fue demasiado predecible.

Luego, el episodio se centra en aspectos técnicos de armar un operativo, donde entra en escena el personaje de Rodrigo Candamil, quien tiene una tensión sexual no muy apropiadamente resuelta con el personaje de Orozco. Y entre las historias vinculadas al primer episodio, hablar en clave de agentes del conflicto ( La azotea por La Terraza, Zurria por el Clan Úsuga, Los Rastreros por Los Rastrojos, etc.), reclutamiento de prepagos, vacunas a pequeños comerciantes, música de cantina, prostitución infantil, violaciones masivas hasta por las fosas nasales… ¿Hasta cuándo van a seguir sobreexplotando lo narco como recurso melodramático? ¿Hasta cuándo este insufrible Déjà vu audiovisual? ¿Esta es la tan cacareada responsabilidad social empresarial que deciden nuestros canales privados poner en sus pantallas? Tampoco es que clame a gritos volver al estilo del culebrón marthabossiano o deliafiallesco, hoy en franco desuso, pero que todos los años estén dele que dele RCN y Caracol con este tipo de tramas, enferma el alma.

Tan enfermas como siguen las mediciones de audiencia de esta producción, que debutó por fuera del top 5 de los programas más vistos, y por lo visto permanecerá así, incluso, a la zaga de las repeticiones que le anteceden en el prime time. Lo cierto, es que tampoco ha hecho méritos suficientes para merecer mejor destino ¿a esta también le harán un multiverso, como a Sin Tetas no hay paraíso, donde la prepago violada cobra venganza y destruye a quienes abusaron de ella y a su proxeneta? De corazón, espero que NO ¡Ya basta de tanta traquetonovela!




[1]https://uniandinos.webex.com/uniandinos-sp/j.php?MTID=md3a006f930180d88519866ce960bdaca
[2] https://www.youtube.com/channel/UCw7Bz6EHxlnOoBUBlJZCWCw



lunes, 8 de junio de 2020

Lo que no indican los indicadores: Destronado Raymundo Angulo, Miss Universo Colombia tendrá otra organización.


Como si las desgracias que se han cernido sobre Cartagena fueran pocas (el coronavirus cunde, muchos eventos turísticos se han ido a la mierda, la ciudad está más a la deriva que la barca de Remedios Amaya…), el Concurso Nacional de la Belleza vuelve a perder el manejo de la franquicia del Miss Universo, y ahora recaerá en un grupo privado liderado por la ex candidata por Atlántico en el año 2000, Natalie Ackerman ( quien también representó a Alemania en el año 2006), quienes realizarán el evento en Barranquilla y no en Cartagena. Finalmente no hubo acuerdo alguno para  que la señorita Colombia actual, María Fernanda Aristizábal, no sea la representante al Miss Universo que viene, que aún no se sabe si se realizará este año o en el 2021, por la crisis del Covid-19[1].



La verdad, esto se veía venir: la señorita Ackerman bien puede tener ciertas amarguras con la CCNB, ya que su paso por el certamen nacional en el año 2000 pasó sin pena ni gloria (ni siquiera estuvo en el Top 10), y qué mejor forma de desquitarse que dejar con los crespos hechos a Angulo y los suyos, quienes ahora tendrán Señorita Colombia pero sin saber a dónde enviarla. Se rumora que la reina del Quindío coronada en noviembre pudiese ir al Miss Internacional (que era el premio que le daban a la virreina), aunque no hay ningún comunicado oficial al respecto.

El caso es que Ackerman no viene sola: Por medio de un comunicado en la cuenta oficial de twitter de su firma de abogados, el polémico Abelardo de la Espriella confirmó su relación con los nuevos dueños de la franquicia de Miss Universo en Colombia. Según la publicación, Natalie Ackermann lo contactó para que la asesorara en la constitución legal de la empresa a la cual fue adjudicada la franquicia que costó más de 200.000 dólares. Por medio del comunicado se afirma que se trata de "una sociedad colombiana, de la que también hace parte esta firma", confirmando así que Abelardo de la Espriella fue uno de los inversionistas que aportaron dicho valor. Sin embargo, se desconoce qué porcentaje del costo de la franquicia fue financiado por el abogado y quienes son los demás socios de la nueva organización[2]. Recordemos además que De la Espriella estuvo detrás de la participación de Diana Salgado, por Valle, la tristemente célebre candidata que tuvo que recurrir a una tutela para ser reintegrada a la competencia por haber sido “destituida” por “caderona”, y que también pasó con más pena que gloria por el certamen del 2009. Desde hace seis meses, Ackermann venía trabajando en la consecución de la franquicia, que estuvo en manos de Jolie de Vogue por más de 20 años y del canal RCN (durante tres años). En este proceso ha tenido la asesoría conceptual de Juan Manuel Buelvas, exgerente de Telecaribe, y de otras personas de la costa norte. Tiemblo de solo pensar en Diva Jessurum de asesora…
En todo caso, la organización que ahora tiene la franquicia debió seguir con las otras formas de elección, que dependen además de los tiempos de la emergencia. “Vamos a abrir inscripciones y más adelante, cuando se tenga a las candidatas, proceder al concurso si lo que está pasando nos lo permite, o elegirla de manera directa” afirmó a medios Ackerman. La competencia, eso sí, cambia. “Tendremos algo de la tradición de Cartagena, pero haremos una transición y una transformación importante. Sabemos que esa tradición ha funcionado; es más, yo soy de esa escuela (fue señorita Atlántico en el 2000), pero hay que renovar”, agregó.

Desde sus redes sociales[3], ‘Miss Universe Colombia’ dio a conocer los parámetros que se requieren para ser candidata a representar al país en el certamen internacional.  Como primera medida, la organización precisa de jóvenes que demuestren su compromiso social con una causa relacionada con el COVID-19 o desarrollo de su región. Esta es la parte ñoña de siempre.

Por otra parte, no debe haber estado casada o haber tenido un matrimonio anulado. Nunca debió haber tenido un hijo, ni ser madre o tutora de persona adulta o menor.  O sea, nada de “Señoras Amazonas” aquí.

Lógicamente, debe ser colombiana y residir o haber residido en el país durante un periodo de al menos seis meses. Debe, además, pertenecer al departamento que representa y tener al menos 18 años pero no menor de edad. Sigue lo usual.

La aspirante, también debe contar con buena salud mental y física. Nada del otro mundo, ¿no?. En cuanto a la parte física, es un requisito que la estatura mínima sea de 1.70 m, estando descalza. Bajitas que solo iban de paseo a Cartagena, no.

No haber participado en Miss Universo anteriormente. Sí, aquí no vale la reelección.

Dentro de los requisitos, se puntualiza en que la candidata no debe haber posado para fotografías o videos desnuda, modelo webcam o material de contenido lascivo o haber sido condenada por algún delito. Siguen tan ñoños como Raymundo.

Además, no debe tener contrato que permita el uso de su nombre, voz o imagen nacional en relación con algún producto comercial.

Otro de los puntos mencionados por ‘Miss Universe Colombia’ y que fue objeto de críticas y comentarios negativos es que la candidata debe ser mujer y no haber cambiado de sexo. Estamos lejísimos de un fenómeno como el de Ángela Ponce por España.


Finalmente, debe tener un nivel mínimo B2 de inglés. Para que luego no estén quejándose que “perdimos por usar intérprete”

Muchos comentarios no tardaron en reaccionar en las distintas redes sociales con respecto a los requisitos para participar del concurso, pues muchas personas consideraron que “no era incluyente”[4]. Y es que ni con Raymundo Angulo lo era. Esto no es más que un “quítate tú pa´ponerme yo”, como el que ya vivió la CCNB entre 1981 y 1982. Sí, fijo ustedes ni se acuerdan que por dos años, el Concurso nacional de Belleza no pudo mandar su candidata a Miss Universo por no tener los derechos de la franquicia, y les tocó enviarla al Miss Mundo, franquicia que desde 1992 también perdió la CCNB, y que hoy pasa sin pena ni gloria, muy a pesar de que el Miss Mundo es un certamen más antiguo que el Miss Universo (un año de diferencia) y que, inclusive, en su última edición tuvo más candidatas (111) que el Miss Universo ( tan solo 90)
Entre los cambios figuran que “podrán participar candidatas que hayan competido en otros concursos, sin importar si ganaron o no; la no limitación de hablar de temas como sexo, política y religión, pues las personas tienen derecho a su libre expresión, y que los medios les puedan preguntar sobre estos aspectos. Inclusive, manifiestan que no importará si han posado en ropa interior.Por supuesto, habrá un filtro para verificar la información que entreguen las aspirantes, aspectos que se ajustan en estos momentos.
No nos digamos mentiras: De nada vale llorar por un certamen como el Concurso Nacional de Belleza, que se había vuelto un coñazo completo. Anquilosado en un ideal de belleza pasado de moda, que poco evolucionó, y encima, monopolizado por RCN, que en tiempo reciente, a pesar de los buenos resultados en el certamen Universal, lo volvió un formato acartonado al que los cartageneros en especial y los colombianos en general  le perdieron el cariño que tenía en tiempos de Doña Tera (qepd). Llevándose los eventos a otras ciudades, volviéndolo una suerte de reality ñoño y sin gracia, poco a poco se fue matando la gallinita de los huevos de oro, hasta volverlo un evento denostado, hortera, con veladas largas e infumables[5]. La competencia de la televisión por cable, el internet, las plataformas digitales como Netflix y HBO, y las redes sociales, han logrado que la noche de la coronación sea solo un programa más[6] que hasta El Rastro le barre en rating. Y es que, como lo hemos dicho en otros posts, ya el Concurso Nacional de belleza no es la plataforma para hacerte famosa que era antes. Ahora, hasta con un video viral, y sin necesidad de hacer dietas extenuantes ni someterte a la estricta disciplina del CNB puedes serlo. Es que ya ni Minicromos hay! Ese reinado truncado del  2016 y el celebrado en 2017 en marzo fue uno más de los clavos de ese ataúd en que se convirtió el destino del CNB. Con todo, tengo mis reservas sobre esta nueva etapa, que puede ser crucial para ambas organizaciones: La nueva que con el poderoso caballero que es don Dinero se ha hecho con los derechos de la franquicia, y que se la llevará a la vecina Barranquilla. Y la otra para la misma CCNB, quien sin el premio mayor del Miss Universo, tendrá serios problemas para hacer valer su tradición de más de 80 años. Por ahora, hay una reina elegida cuya ilusión de ir al Miss Universo (cuando se pueda) se ha truncado. Eso no lo indican los indicadores.

domingo, 31 de mayo de 2020

Review cuádruple: Cazavideos, Embusters, Confinados y Profe en tu casa



La cuarentena por el coronavirus en Colombia sigue alargándose, y mientras muchos empiezan a sentir la fatiga de la misma, varios canales de TV han sacado a escena formatos que uno se pregunta a veces si saldrían a la luz en un contexto diferente al de la pandemia.

Caracol programa en las tardes de los sábados a Caza Videos, un formato que reúne a Catalina Gómez como moderadora, a Don Jediondo, Suso el paspi y Lokillo como "concursantes" y a algún jurado invitado, fundamentalmente personalidades vinculadas en tiempo reciente al canal. Los participantes representan a ONG´s, y por cada ronda donde ganan, se le da un aporte a las fundaciones que representan y a quien envía el video que compite en determinada ronda.   Hasta ahí, la idea funciona en el papel. Pero la práctica es otro cantar.

La idea de los vídeos graciosos es tan vieja como el sol, en esto Caracol no ha inventado la rueda. Pero la ejecución es lamentable: Colorinche viene, colorinche va, y por eso es todo un atentado a las retinas esta suerte de videollamada por Zoom a cinco participantes pero con una fuerte dosis de barbitúricos. Misma que se necesita para soportar esos videos ultra predecibles o a los chistes malos y de doble sentido entre la presentadora y los tres “humoristas” ¿Qué clase de camionero ordinario hace los libretos de esta porquería? #LoQueSeHaceParaTragar

Por su parte, RCN lleva una serie sobre el confinamiento del coronavirus y nos muestra Confinados en las noches de los domingos. La llamo apropiadamente serie, porque se emite una vez por semana. Básicamente trata en tono de comedia las disparatadas aventuras entre El Negro (Variel Sánchez), quien vive arrendado en un apartamento cuya dueña (Estefanía Godoy) regresa de viaje desde España, y se ven obligados a convivir juntos, ya que en medio de la pandemia no está permitido hacer lanzamientos. Desde luego, en Las Américas tampoco descubrieron el agua tibia, ya en España (uno de los países más afectados por el coronavirus) la propia TVE lanzó Diarios de la cuarentena, que ha sido objeto de críticas muy duras, sobre todo por catalogarla como que ignora la tragedia de quienes han perdido seres queridos por el coronavirus, o porque, literalmente, “la serie alimenta el narcisismo colectivo, extendiendo la idea de que los mártires de la pandemia no son los enfermos ni los muertos, sino los confinados”[1].

Misma crítica le cabe a su contraparte criolla, con un agravante: la sobreactuación es la regla general en esta serie. Además, abusa de figuras que ya venían apareciendo en otras producciones del canal de las tres letras que tuvieron que salir del aire por el Covid-19 como Sebastián Carvajal (Enfermeras), el mismo Sánchez o Juliana Galvis (que actuaban en Pa´quererte). Y valga preguntarnos si hacer comedia de situación con el coronavirus es lo que estábamos necesitando en medio de esta cuarentena. Aparte, la técnica de grabación por la pantalla de celular cansa antes de la mitad del capítulo, porque la trama no despierta risa alguna.

Pasemos a formatos más agradables. Uno de ellos es Embusters, un proyecto de Colciencias y el MinTIC que se emite en Señal Colombia los domingos en una capsula de diez minutos desde la 1:30 pm, compitiendo con la modorra de los noticieros de los canales privados. Este programa sigue la idea de Mythbusters, pero en poco tiempo pretende revelar verdades de la naturaleza de la mente humana y luchar contra la ignorancia y la desinformación a través de la ciencia, analizando mitos como el “efecto Mozart”, con opiniones del público y de expertos acreditados, en un formato impecable, para nada ladrilludo, y con una estupenda presentación gráfica.


Se me pasaron volando los diez minutos de este programa, que ojalá tenga más respaldo por parte del canal cultural, ya que me evoca las épocas de la televisión educativa y cultural de antes, misma labor que hace Canal Institucional, con el apoyo de canales regionales, Radio Nacional de Colombia y su canal hermano Señal Colombia con Profe en tu casa, el cual, en un espacio de lunes a viernes entre las 10 y las 11 am, aborda diversas áreas y competencias de televisión educativa a diferentes niveles de enseñanza ( primera infancia, educación primaria, secundaria y media), haciendo una buena labor de complemento de la educación a distancia que imparten las instituciones educativas como estrategia frente a la crisis del Covid-19. Los episodios también son subidos a la plataforma RTVC Play, lo cual permite que los docentes empleen este recurso en otros horarios y como suplemento a su ardua labor.

A título personal, prefiero propuestas que me enseñen y a la vez me entretengan y no que hagan mofa de la crisis del coronavirus. Que la TV entienda que el chiste barato y ramplón está mandado a recoger, y que, aun con poco presupuesto, se pueden hacer labores más dignas que echar chistes de doble sentido o dramatizados vacíos.

domingo, 17 de mayo de 2020

Review Chichipatos: Cuando ahorras demasiado en hacer un libreto decente.



Dado que el panorama televisivo reciente está yermo de estrenos, volvemos nuestra mirada a Netflix, entre cuyos estrenos del mes de mayo está Chichipatos, la nueva producción de Dago García y Caracol para la plataforma de streaming.

¿Se imaginan qué pasaría si subieran a Netflix todos los programas de Sábados felices, con su humor trasnochado, decadente y sin gracia? Pues justo el equivalente de eso lo son los siete episodios de esta producción. La trama gira alrededor del Mago Juanquini ( Antonio Sanint), un ilusionista de poca monta que está animando la fiesta infantil del hijo de un traqueto con una extraña fijación por los magos, y en la cual se fragua el enésimo operativo de captura más mal planificado que estrategia del Coyote del Correcaminos que han visto nuestras pantallas nacionales. Si buscaban algo con lo cual sentir pena ajena, desde el primer episodio de esta producción lo lograrán. Sobre todo con la escena donde todos están armados hasta los dientes contra un triste mago. Ni en clave de humor somos capaces de superar al trillado recurso de lo narco.

En donde más se nota lo chichipato es en la creación de ideas para este libreto ¿Exportar estropajos? ¿En serio no se les ocurrió nada mejor? Y a renglón seguido ¿Qué se estaban fumando los que hicieron el casting de este dramatizado? Lo anterior, en realidad, ni debería ser una pregunta de cualquier subproducto de Caracol para estas plataformas, a cual más malo que el anterior (recordemos Siempre Bruja 1 y 2) y donde la sobreactuación es la regla general. La familia conformada en la ficción por Sanint, María Cecilia Sánchez, Mariana Gómez y Julián Cerati es lo más parecido a la de Casados con hijos. Me refiero a la adaptación colombiana (nota para los nuevos en mis líneas: NO es un halago).

Y es que crear un personaje no es ponerle a un actor una ropa horrenda ¿Quién será el asesor de vestuario de Dago García, el peor enemigo de los actores o alguien con un complicado caso de daltonismo? ¿Cuándo entenderán en Caracol que un dramatizado NO debe sobremusicalizarse?

Otros papeles predecibles desde el vamos son todos los policías, en especial el personificado por Julio César Herrera. Las escenas de la cárcel tienen menos rigor que un pesebre con un trineo de Papá Noel ¿Extraditar a alguien a Estados Unidos sin pasar por un juicio siquiera? Y no hagamos muchas sangres con la estelar actuación de Yuriko Londoño (ganadora de la segunda temporada de Colombia´s Next Top Model), quien llega en el rol de una supuesta agente antinarcóticos de EEUU cuyo mayor mérito en toda la producción es salir en ropa interior, así el libreto en realidad no lo exija. Así, bien sexista todo. En realidad, cuesta mucho empatizar con los personajes, porque en realidad son tan mediocres, que el que mejor actúa es Matías: el gato.

Desde el tercer capítulo, ésta mal llamada comedia naufraga entre muchas escenas sin sentido, como aquella donde reúnen a varios magos para discutir sobre el presunto acto de magia donde el traqueto “desaparece”. Avanzan los capitulos, y Chichipatos produce menos risa que ver morir a la señora madre de uno por Covid-19. Pero bueno, pedirle a Dago García que haga una producción que haga reír es como contratar a un pintor de brocha gorda para que restaure La Gioconda. Se sabe que eso no va a terminar bien de ninguna manera. Llegamos al quinto episodio y solo podemos imaginar en lo que se hace para tragar. Sí, Lina Tejeiro, es contigo. El sexto es solo el festival del alarido, y el episodio final de la temporada nos demuestra que hacer humor en realidad es una labor muy seria para la cual Dago García no está cualificado.

En resumen: Chichipatos es el equivalente a tomar una mala película de Dago García (lo cual ya es un pleonasmo) y fragmentarla en siete infumables capítulos, dejando el final a la maldita sea. Sí, este es un spoiler: Dejan un final inconcluso, tal vez pensando en el despropósito de una segunda “temporada” de esta basura. Pero yo no se la recomendaría ni a mis peores enemigos.

viernes, 17 de abril de 2020

Review La venganza de Analía y El General Naranjo: ¿Maquillaje o Hipocresía?



El coronavirus le hace la guerra a la fase final de A otro nivel, forzándolo a salir del aire y rompiendo la racha realitera de Caracol a las 8 de la noche. En su reemplazo, llega La venganza de Analía, donde todo comienza con una pesadilla, el recuerdo de la muerte de la madre de Analía Guerrero (Carolina Gómez), en una historia supuestamente ubicada en Ciudad de México, y damos paso a un discurso de agradecimiento de un político recién electo como alcalde, y el retorno de Analía a Colombia para vengarse de Guillermo León Mejía (spoiler, su padre biológico), un político que aspira a la presidencia y cuyo partido es Fuerza democrática (¿alguna relación con Centro Democrático?). Fue un episodio que iba y venía en los consabidos flashbacks de los estrenos del canal del molusco. Concretamente, a esa infancia de Analía antes de su tragedia, donde nos muestran a Pablo, el amor de su infancia.



Esta telenovela es una de las producciones que estaban en el congelador para los del molusco, con un tufillo a Entre caníbales o Malparida, telenovelas argentinas. O como una versión descafeinada de Avenida Brasil, que también hacen de la sed de venganza su leitmotiv. Pero las actuaciones son pobres y planas; los libretos, predecibles desde el vamos. La violación de la madre de Analía/Ana Lucía era el recurso más obvio de todos.  El despido de la madre de Ana Lucía tras el accidente del hermano de Pablo fue un recurso más trillado que las cachetadas de doña Florinda a Don Ramón. Esos “amores que nadie va a separar” están más vistos que episodio de los Cuentos de los Hermanos Grimm.

Ese “secreto” de la paternidad de Ana Lucía, la corrupción de Mejía (recurso muy pobremente explotado, porque Bryan Moreno es muy mal actor; no contentos con tener que verlo tratar de actuar en La Nocturna 2, ahora lo vemos en esta novela fracasando en el intento de crear un personaje) y el conflicto que desemboca en la muerte de la madre de ella carecen de la fuerza histriónica que merezca continuar viendo  un segundo capítulo a semejante bodrio. Esa demanda de paternidad en una hoja fue algo tan mal construido que daba pena ajena. La escena del homicidio de Arelis, la madre de Ana Lucía fue digna de las peores pruebas de “talento” de PDNT. Tal vez el coronavirus merece que apaguemos la TV y nos ahorremos esos kilowatts que muchos están gastando teletrabajando en casa.

Y a las 9:30 (por esa manía de alargar el noticiero artificialmente), Amar y vivir se fue y viene la enésima bionovela que ha parido esta tierra: El General Naranjo, alusiva al policía y exvicepresidente, personificada por el (nunca bien ponderado) actor peruano Christian Meier. La historia comienza en Estados Unidos, hacia mediados de los años ochenta, a donde arriba Naranjo a ver algunos capos encerrados, algunos de los cuales él mismo contribuyó a atrapar.  Y toma, otro flashback en un episodio debut, para llevarnos a un operativo de la guerra del narcotráfico  ¿Duque no podrá evitar por Decreto que las telenovelas de Caracol comiencen todas con un flashback?

Meier podrá ser el gancho para vender internacionalmente la novela, pero no precisamente por su talento. O por el talento de los que hacen el papel de los narcos colombianos en esta novela, porque sí, es otra novela de narcos ¿No tenemos otra faceta de la historia qué mostrar? Por eso, ni me voy a desgastar describiendo el episodio debut. Todas las narco-bio-novelas son iguales entre sí.

Y es que las escenas del capítulo debut parecen editadas a la maldita sea, donde era difícil armar un hilo conductor coherente, salvo las actuaciones de tres centavos de ese diezmillonésimo remedo de Palo Escobar que ha pisado las pantallas nacionales. Lo dicho, plomo, plomo y más plomo para una de las franjas más sobrevaloradas del canal de La Floresta.  A Pablo Escobar lo han representado tantas veces en TV nacional que podríamos hacer una edición especial de Yo me llamo pero solo con los actores que lo han personificado, y con Virginia Vallejo en lugar de Amparo Grisales.

Yo creo que ya estamos preparados para una conversación sobre lo HARTO que puede llegar a ser otra novela de narcotraficantes, vista desde el ángulo que quieran: del ángulo del narco (El cartel, Escobar, el patrón del mal y un larguísimo etcétera), de los agentes que los persiguen ( Bloque de búsqueda, El General Naranjo), de las mujeres de los narcos (Las muñecas de la Mafia) o de sus lavaperros ( Alias J.J.).

Pronóstico: Lo irónico del asunto es que vistas las cifras de los debuts, no les fue nada mal, e incluso, Caracol hizo el 1-2-3 con su infumable noticiero. Pero eso es mera fachada, en el fondo solo refleja la temprana rendición de RCN (porque el Uno ni siquiera cuenta como competencia). Suena contradictorio que en redes sociales sea tendencia el #YoNoVeoElGeneralNaranjo y luego esté en el top 3 de lo más visto, lo cual refleja la profunda desconexión (o hasta hipocresía) de las redes con las audiencias. Igual, de nada me sirve indignarme de la escasa calidad de La Venganza De Analía o  El General Naranjo, si cuando salen las cifras de rating ( maquilladas o no) salen diciendo que fueron poco más que la octava y novena maravillas del mundo. Comamos mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas.

Opta por el rescate: No.

jueves, 9 de abril de 2020

Los canales nacionales frente al Coronavirus: Unas de cal, otras de arena



El covid-19 es el protagonista negativo del 2020. Es una realidad y costará mucho asimilarlo. Así como la producción de muchos programas a nivel mundial se ha visto paralizada, el coletazo también se hizo sentir en Colombia y de qué manera. Por eso, este artículo pretende evaluar qué han hecho nuestros cinco canales nacionales (Caracol, RCN, Uno, Señal Colombia y Canal Institucional) frente al reto que ha significado para ellos el Coronavirus:

Por las huestes de Caracol, aunque las mieles del rating parecen sonreírles, la realidad es que la están pasando mal: Solo les queda  Noticias Caracol como único programa en vivo, mandando a receso forzado a Día a día (lo cual no deja de ser positivo, me refiero a mandar a descanso a las cacatúas de ese programa mañanero). Pero como todo se exagera, ahora rellenan infamemente programación, de día y de noche, con el alargue más infame y tóxico para la salud mental de cualquiera: Tanto “noticiero” exaspera, sobre todo porque podría resumirse así: Noticias nacionales: Todo lo que han ordenado Iván Duque, los alcaldes locales y algún gobernador por ahí para atender el coronavirus. Internacionales: El coronavirus en España, Italia, Estados Unidos o China, mayormente. Deportes: Los eventos deportivos cancelados por el coronavirus o qué deportistas enfermaron por coronavirus. Farándula: El análisis de A otro Nivel que es más largo y cansón que verse A otro nivel, o qué “famoso” enfermó o murió de coronavirus. Así sea el segundo asistente de cámaras o un extra con parlamento de Tu Voz Estéreo. Por demás, Juan Diego Alvira cava en lo más profundo del pozo de vergüenza ajena que produce este noticiero, sobre todo con reportajes como el suyo cuasi bañándose en alcohol antiséptico en la calle. Parecía imposible superar en ridiculez su explicación del efecto de las drogas con un Alka-Seltzer, pero lo ha logrado #NotACompliment.

Por cierto, no le veo mayor sentido a “prevenir” el coronavirus de algunos presentadores, quienes hacen “teletrabajo”, mostrando sus casas divinas de la muerte, si igual tienen que desplazar, como mínimo, a un camarógrafo o a un asistente para enviar la señal.

De otra parte, con la edición prolongada del noticiero, que ahora supuestamente “lidera” la tabla de ratings, se nota menos el fiasco que en realidad eran A Otro nivel y Amar y Vivir. De la segunda se anuncia su "gran final” ( spoiler: Joaquin muere)  para la próxima semana, y salvo esas cifras más maquilladas que reporte de pacientes del coronavirus en Colombia, pasó en realidad con más pena que gloria. Ni hablemos de La Nocturna 2, a ellos ya los rondan los negritos bailarines que cargan un ataúd desde su lanzamiento.

Lo que bien podríamos “agradecerle” al Coronavirus es que el Desafío 2020 haya sido cancelado. Logró lo que ni el mal rating de temporadas como las de 2007 o 2010 o la aburridísima forma de eliminación de la temporada anterior pudieron: romper la racha de este infumable farsality. Pero no creo que salten las alarmas en el canal del molusco: Fácilmente pueden rellenar con el refrito de La Vuelta Al mundo en 80 risas o el Festival Internacional del Humor. O hasta con programas viejos de Sábados felices. Nadie se dará cuenta. Igual, tienen en capilla la bionovela del General Naranjo y La Venganza de Analía (no, no es Miss Analía).

Pero si por La Floresta llueve, en Las Américas no escampa: RCN paga el precio de años de pésimas decisiones de programación y de su propia modorra en 2019. Lanzaron tan pocos productos nuevos en el año pasado, que cuando iban a estrenar algo en 2020, quedaron muy colgados de grabaciones de lo que les estaba marcando cifras decentes como Pa´ quererte y Enfermeras. Pensaron que reiniciando las mismas iban a captar público y lo que hicieron fue espantarlo aún más. Ahora viven de volver a repetir por enésima vez Diomedes o Amor Sincero, y son meras limosnas lo que se llevan.  También tuvieron que suspender su programa matutino Nuestra Casa, con despido de una de sus presentadoras en menos de un mes de emisión. Y La Movida definitivamente no se comerá las doce uvas en diciembre, pues fue cancelada, ya que hasta la repetición de Chepe Fortuna los fines de semana marca más. A veces lo mejor es tener dignidad y salir del aire. Pero, parafraseando a Los Simpsons, en RCN no conocen la dignidad cuando la ven.

El Uno sigue a su bola, igual, casi nadie los ve ( y claro, si se atreven a pasar en semana santa Los diez mandamientos...), en lo único que les ha afectado de verdad el coronavirus es en la intragable emisión de Guerreros, que ahora ellos “editan” con videos de archivo y con los participantes y presentadores desde su casa, comentando lo ya visto desde 2017.  A ellos sí que les beneficiaría el polémico Decreto 516 de 2020, expedido por el gobierno con ocasión de la crisis en comento, y que reduce la cuota de pantalla nacional del 70% al 20%. A ellos les serviría para pasarnos alguna turcada o una megamaratón de Caso Cerrado.

Señal Colombia se vuelve el ansiado oasis de tanta información tóxica, retransmitiendo en su franja de Series para recordar a la telenovela Música maestro (1990-1991), nuevas propuestas de televisión educativa como Entrenando Juntos y lanzando desde ayer el revamp de En cine nos vemos, esta vez con Diana Rico y Ernesto Vientos , quienes hacen parte de la sección Cine club, el espacio que analiza  la película del día, antes y después de su emisión. Era inevitable hacer el paralelo con Cine Arte (rescatada de Los Años tenebrosos de la TV colombiana 1999), pero dada la naturaleza de canal público cultural de Señal Colombia, se da por descontado que pasarán grandes obras del séptimo arte y no bodrios comerciales que abundan en la TV privada. Aunque se anuncian que a futuro haya invitados en la sección, siento que empezar con toda una obra de arte como lo es La dolce vita (Fellini, 1960), es un buen comienzo. Se les nota química en pantalla a Rico y Vientos ¿Hemos encontrado a la rescatada del aún más tenebroso año 2020? Tal vez.

Quien se lleva la peor parte es Canal Institucional, al que le toca hacer ese mal remake de Aló Presidente  Contagiémonos de solidaridad, el programa donde Iván Duque posa del gran estadista que no es, nunca ha sido y jamás será. Tal vez para lo único que sirva es para hacer más memes o escuchar la burrada de turno de ministros como Alicia Arango.

Y así viviremos esta cuarentena, hasta, por lo menos, el 26 de abril a la media noche.