jueves, 24 de octubre de 2019

Enfermeras: ¿RCN ya necesita la eutanasia?


Irónicamente, la repetición de Lady marcó demasiado bien para el mediocre trabajo que hacen en Las Américas por tener un resto del 2019 decente, sin ser Bettydependientes. Al ignoto horario de las 10 pm, llega Enfermeras, un dramatizado donde las auxiliares de la salud son las protagonistas. Desde luego, creatividad para ponerle nombre a la novela no ha habido. En lo más mínimo.

Diana Hoyos (María Clara) como protagónica es funesta. La última vez que tuvo un relativo éxito fue con Oye Bonita, hace ya casi 10 años, y eso es porque su perenne cara de angustia espanta audiencias. Además, ella es tan poco versátil como la trama misma de la novela, porque, no nos llamemos a engaños, TODAS las telenovelas sobre médicos y enfermeras derivan en lo mismo: softporn en prime time, con médicos arrechos más preocupados por a qué enfermera se van a culear durante el turno que por el acetaminofén.  Una que otra escenita de acción, pero nada que descreste. Así fueron A corazón abierto 1 y 2 y Sala de Urgencias 1 y 2. Y las primeras partes de ellas al menos tuvieron buen rating. Enfermeras ni eso logró en su estreno.

Si alguien podría personificar el meme de Spiderman apuntándole a otro Spiderman, esa es Viña Machado, enfrentada a sí misma en este horario en ambos canales privados. Aquí personifica a Gloria, la prototípica enfermera impotable, amargada y bien arribista. De esas que usted puede ver en cualquier EPS.

Por lo visto, Masterchef Celebrity 2019 fue empleado como trampolín para algunos de sus participantes en esta novela: Pedro Palacio, Sebastián Carvajal… pero nada de eso compensa sus actuaciones tan flojas.

Los libretos de Enfermeras son la repetición de la repetidera: Enfermeras tratando de compaginar sus vidas como madres, parejas y trabajadoras de la salud. La escena del paciente alterado que amenaza a medio hospital con un bisturí era de bazar de colegio: ¿tanta gente fue incapaz de contener a un paciente alterado? Como pretensión dramática le faltó mejor ejecución, sobre todo si por horario podía ser más fuerte. Ah, y por cierto, el paciente alterado luego falleció. Así, sin comerlo ni beberlo.

La noche romántica entre María Clara y su infiel esposo daba hasta risa, y más si la intercalaban con la emergencia del paciente en comento, y es que luego la pareja que celebraba su aniversario derivó en una mala copia de Emergencias sexuales, donde María Clara se enfrentó al difícil rol de familiar del paciente en el mismo hospital donde trabaja.

Y todo esto se dio sin que un paciente tuviera que presentar una tutela, o un desacato, o sin corredores de la muerte, como sí es la realidad de muchos pacientes. Porque, qué oso mostrar ese tipo de realidades en nuestras ficciones. Pero eso sí, ese directivo del hospital morboso (Lucho Velasco) que se come a todas las enfermeras sí que debe ser el pan nuestro de cada día. En la realidad y en la ficción.

Pero la cereza del postre es cuando María Clara se entera de la otra familia de su marido, que corre paralela con la tragedia del paciente fallecido y gay de closet ¿Cuándo aprenderá RCN que es mejor una buena escena dramática, bien contada, que dos que cojean en un mismo episodio? ¿O que la musicalización de un capitulo no debe ser atosigante?

En definitiva, ni con el mejor desfibrilador, RCN logra reanimarse. Ya creo que su línea vital tiende peligrosamente a ser plana, tan plana como el rating (y el talento) de Enfermeras.

martes, 15 de octubre de 2019

Review Sé una diva empoderada, el libro de Diva Jessurum


Pocas palabras en tiempo reciente se han prostituido más que el verbo “empoderar”. La usan en esos grupos de bienestar laboral para justificar la actitud de mierda de empleados altaneros o jefes despóticos en sus inútiles talleres de convivencia, a mujeres más fáciles que la tabla de multiplicar del cero y a un sinfín de despropósitos, entre ellos, el libro de Diva Vivián Jessurum Del Río, la polémica presentadora barranquillera, que en 150 páginas, divididas en 11 capítulos y un prólogo escrito por Juan Diego Alvira, nos relata su historia de vida y lucha profesional. Desde la autobiografía de Carolina Cruz, no hacíamos crítica literaria, así que decidí que este material podría servirnos.
Sea la oportunidad de decirles, queridos lectores, que el libro en comento está en promoción. Tal vez no ha tenido las ventas que se esperaban, y no los culpo, el libro en sí es desastroso. Si había algo peor que ver la forma ridícula de presentar de Alvira, es verlo haciéndole prólogos a sus compañeros de trabajo. Y claro, como doña Marianne Ponsford tampoco nos va a hacer el análisis de este libro, aquí se los traemos, capitulo a capitulo:
1.       Caer para renacer: Habla aquí de un episodio de violencia en su contra a manos del que en ese entonces era su novio, Santiago Jaramillo Vélez. Él la golpeó salvajemente, destrozándola física y moralmente, hasta el punto en que Jessurum llegó a pensar en el suicidio. No, Diva, en Medicina legal no se instaura la “demanda” –sic, pagina 24-. Las consecuencias de la golpiza fueron tan grandes, que hasta la salud de su señora madre- la de Diva- se perjudicó y llegó a estar “muerta” por 14 minutos. Incluso, este episodio cuenta con la intervención “sanadora” del Padre Chucho, rezando por la salud de la madre de la barranquillera ¡Hija, que te pasan más desgracias que a Elif!
2.       Mi familia, mi fortaleza y mis dolores: Empieza hablándonos de su padre (ya fallecido), de sus múltiples infidelidades y problemas financieros, demanda de alimentos incluida. Esta parte parece digna de libreto de telenovelita pa´ sirvientas, de esas que dan por la tarde, sobre todo en la parte en que habla del rechazo de ciertos familiares o amistades por ser “pobre”. También nos narró sus periplos escolares y de una amistad truncada por el secuestro y posterior asesinato de un amigo militar suyo en manos de la guerrilla. Sin duda, el protagonista de esta parte es ese padre ausente a quien sin empacho llama “el primer hombre que rompió mi corazón”
3.       La montaña rusa de una periodista novata: Nos habla de sus comienzos en la Universidad y su ingreso a la TV nacional y local. Especial énfasis hizo al cubrimiento del ya lejano escándalo de la tristemente célebre “Barriga de Trapo”.
4.       No todo fue color de rosa: Nos relata sus desavenencias en un lugar de trabajo en Barranquilla, con un jefe que la acosaba laboral y sexualmente. Dice a página 68 del libro que “(…) jamás olvidaré el día que vio una nota mía al aire y preguntó en mitad de la redacción: -¿Ella por qué lee como si tuviera un aparato genital metido en el trasero?- para ser sincera, la expresión fue más soez (…)”. Traducción en costeñol: “-¿Ella por qué lee como si tuviera una mondá metida en el culo?-“
5.       El terror de la guerra, durante año nuevo: Capítulo de lo más prescindible. Nos habló de un cubrimiento especial que hacía sobre unos enfrentamientos entre Córdoba y Antioquia entre guerrilleros y paramilitares. Si usted es muy sensible a las imágenes grotescas, sálteselo.
6.       Bogotá, mi nuevo destino: Diva llega a la capital, como lo hace cualquier periodista regional buscando su oportunidad en las grandes ligas de showbiz criollo. Curiosamente, una nota sobre un escándalo con Luly Bossa ( no, NO es ESE escándalo en que usted puede estar pensando) marcó su debut cubriendo la sección de farándula, a pesar de sus reticencias iniciales.
7.       ¡El entretenimiento es un asunto serio!: Narra sus experiencias trabajando de la mano de Sergio Barbosa, Catalina Aristizábal y Andrea Serna, hace ya muchos años atrás, en RCN. Pero el capitulo rápidamente derivó en una especie subrepticia de libreto de su programa Expediente final. Luego nos habla de conflictos laborales en RCN y de amenazas de muerte en su contra.
8.       Cerrando ciclos, retomando el vuelo: A menudo, cuando la gente habla del trillado argumento de “cerrar ciclos”, me pregunto si es que se creen una lavadora. Aquí nos habló – y yo lo tomo con mucho beneficio de inventario- cómo surgió y llegó a su fin el hoy desaparecido programa “Los cuentos de Diva”, y su salida de RCN a Caracol.  También sobre lo decepcionada que quedó con Marbelle (no da su nombre, pero con lo que relata del hecho es OBVIO que lo es) cuando esta apoyó la redacción de su biografía y la “reina de la tecnocarrilera” se la llevó y vendió a los de RCN. Jessurum dice que “la vida (la) premió” a ella pudiendo participar creativamente de producciones como Rafael Orozco, el ídolo, Tarde lo conocí, Amor de carnaval y de proyectos en desarrollo como las futuras bionovelas de Martín Elías y los hermanos Zuleta. Préstenme un balde, voy a vomitar… También aquí habló, muy brevemente, de su paso por La Red y sobre Lina Marulanda, así como de su sección Show Caracol y sus muletillas como “Yeah yeah maracuyeah”
9.       No tener hijos, no me hace menos mujer: Este narra los difíciles episodios de una de sus asignaturas pendientes: la maternidad. Jessurum tuvo varios abortos espontáneos, uno de ellos con quien fuera su esposo en 2005, y de quien dice que tuvo una “separación amigable” por diferencias “en el manejo de nuestras finanzas” – pago por ver cómo fue esa liquidación de sociedad conyugal-. Que incluso le pidió a la virgen de Guadalupe quedar embarazada, y aunque lo estuvo por un tiempo, la criatura murió en su vientre ( o sea, la rosita blanca no alcanzó a salir para la barranquillera), pero que ha compensado ese vacío en su vida con sus sobrinos y ahijados. Next!
10.   Una  visita a Europa para reencontrarme: En compañía de un amigo suyo terapeuta, vio la Puerta de Alcalá en Madrid con ojos de taller de sanación. Y en París, cuando todo el proceso de mejora de autoestima estaba a punto de irse a pique por culpa del retorno a su vida del ex maltratador del primer episodio, ella lo confronta en un restaurante lujosísimo de la Ciudad Luz y lo manda al carajo. A ver, Diva, esta parte difícilmente resiste la prueba de polígrafo. Allá tú vendiéndote como una heroína de chick flick, pero no llegas ni a libreto de Tu Voz Estéreo.
11.   De lo cotidiano a lo maravilloso: Si usted ha llegado a este punto, es porque desea saber en qué termina este despropósito, y sí, aquí ella nos habló de cómo reinventarse a través de adelgazar por el método que sea –risas- y de sus críticas a los cánones de belleza que, ella misma afirma, ha roto con su tenacidad –siguen risas- y claro, no podía faltar el autobombo a sus proyectos actuales, y de su (entonces) nuevo amor, Rafael Caparroso (pues mira que lo que dijiste de él en la página 148 fue como la profecía autocumplida, ya terminaron).

En definitiva, el de Diva Jessurum es un muy mal libro de autobombo metido a empujones en las secciones de autoayuda, aunque comparta de ellos las mismas frases repetidas hasta el hartazgo. Muy probablemente seguirá en las secciones de rebajas de las librerías, hasta cuando se puedan reciclar sus hojas para algo más productivo. Papel higiénico, a ser posible.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Review La ley secreta: Empodera mis bostezos



Y a las 10 de la noche acabó con más pena que gloria Las muñecas de la mafia 2 y llega La Ley secreta. De mujeres trofeo de traquetos a mujeres como agentes secretas. Lo dicho: Las segundas partes no son buenas, y lo logrado hace 10 años no se reflejó nunca en las audiencias de Las muñecas, que hasta fue superada de lejos por la repetición de Lady.

La ley secreta  comienza con un caso a lo Alerta aeropuerto, con Katherine Vélez como jefe de la agencia secreta, a la que, de repente, se les vuela la sospechosa de ser mula (Valeria Gálviz), a lo Aída Merlano, pero sin el Rappi. Y dimos paso a la selva, donde Amelia, otra agente (Juana del Río), a punta de machete, se abre camino espiando a las Bacrim con su negro, a quien le dan la consabida dosis de plomo del horario de las 10 pm.

Retornamos al operativo con la mula, donde entra en escena Luis Mesa, y a la mula le proponen ser informante de la agencia a cambio de su libertad. Y luego, un inconexo partido de futbol donde Viña Machado es Sandra, una abnegada madre de un niño que fracasa en lograr una audición y chantajea al entrenador para que se “reconsidere” esa decisión. Vamos, lo que es valerse del “usted no sabe quién soy yo”.

Paso a Diana (Luna Baxter) en una playa con su pareja, a quien se le arruina la luna de miel por el llamado de sus jefes. Bueno, en realidad se les arruinó algo más que eso… Pero la mula-reclutada llega a su nuevo “hogar” con venda en los ojos, y por lo visto, no está del todo solícita.

A las tres agentes (Machado, Del Río y Baxter) se les da una misión nueva contra un viejo enemigo que regresa a escena (o más bien, un hijo de este, con mucho rencor en su mente), y aquí es donde nos preguntamos  ¿Qué es esta suerte de Los ángeles de Charlie tercermundista que nos trata de colar Caracol a las 10 de la noche?   El drama de Sandra es compaginar su labor de madre con su trabajo, el de Amelia, el Alzheimer de su señora madre que le genera una tensa relación con Checho, su hermano. Y claro, no puede faltar una pequeña dosis de softporn innecesario, cuando Sandra habla con el padre de su hijo, quien está muy bien “acompañado”, y a éste se le da una nueva misión: La operación Fénix. Y en este operativo entra la nueva “reclutada”.

Oh, qué novedad, Patrick Delmas haciendo de extranjero desde el 2000, precisamente con Yo soy Betty la fea ¿Bastará esto para recuperar una franja donde hasta una simple repetición les ha ganado? Por lo visto con las cifras del debut, la respuesta es no. El horario de las 10 es ya tan pesado y soporífero en Caracol que no despierta en mí ni un mal pensamiento.

Review Bolívar: ¿Cuándo nos independizaremos de las bionovelas?


La gesta de nuestra independencia, aquella de la que celebramos el bicentenario, ha estado en nuestras pantallas, con mayor o menor éxito, desde la ya lejana Revivamos nuestra historia, que recientemente restauró y emitió Señal Colombia, hasta La Pola, pasando por Crónicas de una generación trágica o Las Ibáñez.

Sin embargo, hacer dramatizados de época en nuestra TV es un alto riesgo: Puedes hacer un producto de altos costos y poca audiencia, o uno aclamado por el respetable. O puedes darle una patada al rigor histórico, so pretexto de ciertas “licencias creativas”.

Pero todo esto en el contexto de una competencia floja, que vuelve a apelar a glorias pasadas.  Betty ya no está, y es más que claro que Los Reyes no es un rival digno, que solo repta ahí entre los 8 y algo de puntos de rating, pero sin hacer el menor daño. Vamos, que es más competencia el ignoto Canal Uno.

La fotografía del episodio debut me gusta, pero apenas entran los diálogos, todo se viene al piso ¿Qué acentos son estos? Y un lugar común de las telenovelas de época es lo grandilocuente y postizo que se puede sentir ver a los actores recitar sus libretos. Y eso espanta audiencia. Por lo menos en mi caso, lo fue.

La historia comenzó con unos planes de batalla, donde se evidencia lo ardua que sería la gesta libertadora, con la agreste geografía tan nuestra en el siglo XIX, sobreponiéndose al frío y demostrando la verdadera fortaleza del ejército patriota. Sin ellos, seguiríamos siendo una colonia española (Visto lo visto, no sería tan mala idea, ¿no?)  Y como no podía dejar de pasar, se nos vino el primer flashback de la historia, devolviéndonos a esa boda de Bolívar en Madrid (sí, por si no lo sabían, Simón Bolívar fue un hombre casado, pero que enviudó al poco tiempo), y más tarde, a la niñez de Bolívar, en la cruda realidad esclavista de la Capitanía General de Venezuela de finales del siglo XVIII ¿Es que no se puede hacer ya ningún episodio debut sin un flashback?  Pero la producción en sí es aburrida hasta decir basta. Las figuras burocráticas españolas son tan predeciblemente despóticas. En esto no han descubierto el agua tibia. Ya sabíamos la difícil posición de los criollos en este lado del Atlántico. No es que hayan cambiado mucho en 200 años las cosas.

Casi todo el primer episodio orbitó sobre la enfermedad, agonía y muerte de la madre del Libertador, con narraciones en voz en off de la vida del militar venezolano. Realmente no me soporté el personaje del primo medio trastornado que se casó con la hermana mayor de Bolívar. Y es que el tono de tragedia era aun más exasperante.  Y llegó a su vida Simón Rodríguez, ilustre maestro del Libertador, personaje con el que medio logró remontar el episodio, aun a costa de volverlo una suerte de Maestro Yoda.

Sin embargo, como primer episodio, no despertó en mí las ganas de ver un segundo. No me extrañará verle liderar efímeramente la tabla de audiencias, porque al colombiano le agrada la novedad. Cómo se sostendrá, dependerá en buena medida del arrastre del futuro estreno de Yo me llamo. Porque, no nos llamemos a engaños, la actual novela de las 9 es solo un gregario más del sobrevalorado concursito de Amparito y compañía, que lidera en sus comienzos, en buena parte por las audiciones horrendas o las malas decisiones de los jurados. Lastimosamente, no hemos podido independizarnos de la saga de las bionovelas. O de la tiranía de los canales privados